jueves, 10 de mayo de 2007

Harry Potter contraataca.

El siguiente artículo ya es muy antiguo, y en vísperas del estreno de la nueva película de Harry Potter, considero prudente recordar lo que en aquel tiempo se decía y que hoy se ha olvidado.

Artículo original por José Antonio Aguilar Rivera

Se acaba de estrenar La cámara secreta, secuela del filme Harry Potter y la piedra filosofal. Ahí continúan las aventuras del aprendiz de mago que hizo a su autora, J.K. Rowling, millonaria de la noche a la mañana. Harry Potter despierta extrañas pasiones. El tipo de reacción que provocan las críticas a la popular serie es más propio de la religión y la política. Hace dos años, cuando inició el fenómeno Potter, el famoso crítico literario Harold Bloom —autor del Canon occidental— publicó un polémico artículo en el Wall Street Journal ("Can 35 million buyers be wrong? Yes", 11/7/00). Según Bloom, el libro de Rowling estaba mal escrito y repleto de lugares comunes. Una cadena de clichés desprovista de imaginación. Los libros de Rowling, opina Bloom, no se comparan con los clásicos de la literatura infantil, como Alicia en. el pais de la maravillas de C.S. Lewis. Carecen de una visión imaginativa original. De acuerdo con Bloom, el modelo de Harry Potter es el libro de Thomas Hughes, Tom Brown's school days, un texto realista que describe la vida en una escuela de rugby en Inglaterra. Rowling tomó el tema y lo reflejó en el mundo mágico de Tolkien. El resultado es una fantasía escolar. En respuesta a la crítica, los partidarios de Harry Potter inundaron el diario y a Bloom con indignadas cartas de protesta.

La ferocidad sorprendió a Bloom. "Si bien estoy acostumbrado a tener enemigos—confesó Bloom—, por primera vez sentí que tenía al mundo en contra". Creo que Haroíd Bloom tocó un nervio en extremo sensible. Dijo —en la mejor tradición orweIliana— cosas que muchas personas no deseaban escuchar. Creo que tiene razón. El éxito de los libros de Harry Potter apunta hacia el empobrecimiento de la fantasía. Autores como Lewis o Tolkien (El señor de los anillos. El hobbit) crearon mundos muy diferentes al que habitamos en la realidad. Una distinción necesaria es entre la irrealidad y la fantasía. Un mundo puede ser irreal, sin divergir mucho de la cotidianidad social. Eso es precisamente lo que nos ofrece Harry Potter. No un universo fantástico de nuevos significados, sino un relato ordinario con visos de magia, En contraste, la lógica invertida del país detrás del espejo nos asombra porque nos obliga a poner en duda cosas que damos por sentadas. Los campos míticos de Tolkien, habitados por seres extraños, abren la puerta a imaginar un mundo distinto al nuestro. Descubrir la clave de estos mundos ajenos involucra no sólo placer sino esfuerzo. Dejar la orilla del mundo real para lanzarnos a otro regido por una lógica que desconocemos nos obliga a pensar. Nada de esto nos exige la lectura de Harry Potter.

El universo creado por Rowling es simétrico con la realidad. Y ese es el secreto de su enorme éxito. En el mundo de los magos hay dinero —las lechuzas exigen el pago por el diario que entregan—, marcas y modelos de escobas y varitas mágicas y escuelas privadas inglesas con compañeros insufribles. El fenómeno es propio de la cultura que trivializa para vender. La comida étnica y los libros de Harry Potter comparten una misma lógica. El consumidor común y corriente desea probar lo exótico. De ahí el interés por las cocinas no occidentales. Pero, en realidad, su paladar no está acostumbrado a los sabores extraños. No le gustan; tampoco está dispuesto a acostumbrarse a ellos. Quiere, en realidad, algo que parezca di-ferente a la comida tradicional, pero que en esencia le sea familiar: enchiladas sin chile. El arte del burrito tex-mex. Lo auténticamente diferente no tendría mercado, a pesar del boom de los restaurantes étnicos. Por esa misma razón Tolkien, a pesar de la película, se lee muy poco. Harry Potter, en contraste, condimenta su convencional historia con los clichés de la magia. El lector no tiene que realizar ningún esfuerzo para poner en duda sus certezas para comprender el mundo de los magos porque, en esencia, es el mismo de los muggles, con un poquito de guacamole mágico. En el fondo, el éxito de Harry Potter no es extraño en lo absoluto. Es consonante con otras tendencias en la cultura actual. Rowling descubrió la forma de pasteurizar y descremar la fantasía para hacerla fácil de digerir. Bien visto, no es un logro menor de la mercadotecnia. Por qué leer, se pregunta Bloom, si lo que uno lee no enriquece la mente o el espíritu. Si la lechuza de Potter llevará a sus lectores a otros libros, es cosa que está por verse. Mientras tanto, los muggles seguirán fascinados por Harry Potter, su imagen reflejada en el espejito mágico.

José Antonio Aguüar Rivera, escritor, es autor de La fiesta de las turcas. Este artículo NO está publicado bajo la licencia "Creative Commons".

2 persona(s) ha(n) dicho algo de este rollo.:

Olga A. de Linares dijo...

Quisiera señalar un error importante de este artículo; Alicia en el país de las maravillas no es de C.S.Lewis, autor sí de Las crónicas de Narnia, sino de Lewis Carroll (seudónimo de Charles L. Dodgson). Me extraña que tanto el autor como los editores no hayan reparado en el pequeño "detalle". Gracias

Abraham Corrales dijo...

Gracias estimada Olga A. de Linares por señalar puntualmente mi confusión, que además atribuyo a mi ignorancia en cuanto a los libros de C.S. Lewis que no he leído, y al libro de Alicia en el país de las maravillas, que hace mucho leí, pero que al parecer (tendré que buscar el artículo original) fue error mío y no del autor. Hasta encontrarlo, gracias por leer y señalar el error. Saludos cordiales.